Jan 14, 2026
Cultura

Reseña del Museo del Puerto sobre las obras en la zona de Puerto Piojo

En este momento se está desarmando el Puerto Piojo tal como lo conocíamos, ese sitio que, desde fines de los ’60, se les asignó a los pescadores artesanales para anclar sus lanchas y bajar cajones de camarones y langostinos, y que ellos usaron también para arreglarlas, calafatearlas, pintarlas, tejer redes y reunirse.

Cualquiera que haya recorrido el puerto de Ingeniero White en las últimas décadas habrá visto numerosas canoas y lanchas detrás de un alambrado, sostenidas por palos para que no se volteen; quizá hasta recuerde alguno de sus nombres: “San José II”, “Cristina Antonia”, “Santa María della Scala”.

Ahora, en los mejores casos, una grúa las está levantando para trasladarlas a otro lugar. Están anunciadas las obras de una nueva dársena o banquina para pescadores con mejores instalaciones y servicios.

Lo sabemos: no hay historia sin transformación, pero no sería sorprendente que aquellos que se subieron a las lanchas amarillas para salir en busca de pescadilla -o incluso los menos que lo siguen haciendo-, hayan tenido y tengan estos días sueños un poco inquietos, o se hayan despertado en mitad de la noche con una sensación extraña en el estómago.


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