Esta semana, en el marco de las actividades de Vacaciones en el Mundo del Revés, el museo se transformó en un mini astillero, lleno de chicos y chicas, pescadores y sus familias, carpinteros de ribera y cocineras de pescado, que construyeron sus propias lanchitas de pesca, para sumarlas a la flota que crece año a año.
Llegaron junto a sus nietas y nietos pescadores como Silverio Mazzella, Herminio Onorato y Enrique Russo. Gabriel López, de la canoa Pancochulo, vino con su hijo y Gracierla Ruiz, cocinera de pescado, junto a su nieta.
Fueron presencias fundamentales, porque parte del taller consiste en escuchar sus historias, que chicas y chicos les hagan preguntas para después construir sus lanchas con mini redes, mini mástiles y mini peces.
“Elegir el nombre de una lancha es como cuando nace un hijo”, dijo Herminio. Entonces todas las lanchitas recibieron un nombre de embarcaciones históricas que navegaron por la ría, y se juntaron para salir, sabiendo que nunca iban a estar solas en la marejada.










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